Pensaba que necesitaba perspectiva, espacio para que mi cabeza dejara de latir. Y es que padezco una de esas enfermedades raras en las que el órgano motor transmite el dolor al órgano pensante y viceversa, y ya no distingo cuál de los dos está enfermo. Así que curarme está siendo más difícil de lo que creía porque no sé dónde acudir. Apago el fuego en uno, y se enciende en el otro. No puedo más. Dicen que quien resiste gana, pero yo por más que resisto no hago más que perder. Sólo recibo golpes y cada vez más fuertes, y no sé si merece la pena. Todo es absurdo. No llego a entender nada, no comprendo nada.
...Y mi cabeza sigue latiendo, nada me hace efecto.
¿Perspectiva? ¿Espacio? Nada me vale.
Empiezo a tener claro que el único antídoto es convencer a mi corazón para que deje de pensar.
A veces vemos la señal de “esta vía no tiene salida” y nos empeñamos en entrar por si acaso hay aparcamiento.
Estacionamos y somos felices, las calles abarrotadas de coches y nosotros encontrando un sitio perfecto ¿qué más se puede pedir?
Llega la hora de volver a casa y justo cuando vamos a arrancar, una apisonadora bloquea la única salida que hay.
Atónitos nos bajamos, miramos dentro y la cabina está vacía, así que volvemos al coche y nos sentamosa esperar con el único entretenimiento de ver a la gente recogiendo sus vehículos en la calle perpendicular.
Al rato volvemos a mirar y la puta apisonadora sigue hueca.
Se nos van las horas…
Sin embargo una bombillita se enciende y reaccionamos.
Llamamos a los incondicionales (los que viven cerca) y entre todos empezamos a empujar.
Al principio no hay forma, no se mueve nada, ni un mísero milímetro. Pero de repente, como cuando se encendió la bombillita, la rabia y la impotencia hacen su aparición, y un solo empujón basta.
Por fin la apisonadora rueda calle abajo y yo empiezo a arrancar mi coche.
He hecho un tiramisú. A Veri le encantaría su textura. Sobre el sabor no tengo ni idea porque no lo he probado. Nunca pruebo nada de lo que cocino hasta que no lo voy a comer, lo hacía mi abuela, lo hace mi madre y lo hago yo (no el tiramisú, sino el no probar las cosas que no están terminadas). Manías de familia... Mientras montaba la nata me concentraba en las varillas. Podía acelerarlas o aminorar su ritmo, y pensaba que en buena parte la vida es así. En algún lugar tenemos una ruedecita con velocidades y la vamos moviendo a nuestro antojo o según las circunstancias, lo que queremos o lo que no. Últimamente me ha pasado una cosa curiosa, llevaba tiempo con la ruedecita al 12 (que es la máxima potencia) y se ha debido ir la luz...
Atención señora, ha llegado a su localidad EL TAPICERO. Se tapizan sillas, sillones, butacas, tresillos, mecedoras, descalzadoras y toda clase de muebles y tapicerías que tenga en mal estado en su propio domicilio. No deje pasar esta oportunidad y salga a preguntarnos. Tapizamos en tela, escai, terciopelo, curpiel y pana. Recogemos y entregamos en el acto. Atención señora....
Y así hasta que le daban la vuelta a la cinta y vuelta a empezar con la misma cantinela. Pues bien, hace un par de fines de semana lo revivimos, pero sin camión ni megáfono. Aunque lo mejor sin duda fue constatar el hecho de que el chocolate aromatizado agudiza los reflejos y la mente tanto que de un minuto a otro te conviertes en un ídolo de masas en el noble deporte del ping pong.
De la mujer encargada de enseñar la balconada de... EL CASTRILLL mejor no hablamos.
Lo que si podría contar son los misteriosos orígenes de Heidi, y lo mucho que ella tiene que ver con Benito el Bombero. Pero prefiero no herir sensibilidades.
A veces la vida se para a fumar un cigarro en un precioso local donde no debería estar permitido por falta de espacio. A veces el cigarro se extingue dejando sólo humo. A veces el humo es la única excusa que le queda a la vida para seguir anclada a la silla del local. A veces la silla del local es demasiado cómoda y ya tenemos dos excusas. Pero sucede también que a veces, las excusas no son más que las colillas del cigarro.
Muchas te dejan indiferente. Otras te alegran el día. Otras te mueven la pierna, el pie, la tibia y el peroné. Otras te relajan. Otras te durmieron cuando eras niño. Otras te hacen reaccionar. Otras te llevan a mundos imaginarios donde no podrías ir de ninguna otra forma. Otras reviven el pasado. Otras refuerzan tu presente. Otras dan más leche a las vacas y alegrías a los ganaderos. Otras consiguen inspirarte. Otras deprimirte. Otras pintan arcoiris en tu vida. Otras hacen que te la replantees. Otras te cogen de la mano y giran contigo. Otras aceleran tu pulso. Con otras ríes a carcajadas. Otras te hacen llorar. Algunas consiguen que te quedes en la Inopia. Otras llenan de versos tu día. Otras te enseñan pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas. Otras reunen multitudes. Otras son sólo de un grupo de buenos amigos. Otras se van haciendo un hueco en tu corazón hasta apoderarse de él. Otras, simplemente un flechazo. Muy pocas (sabiendo cuantas hay) llegan a tu alma. Otras quedan en el olvido. A otras las metemos en cajones. Otras las recuperamos antiguas y empolvadas. Otras sólo tuvieron su minuto de gloria. Otras marcan nuestros veranos y animan barbacoas con chorizos parrilleros. Otras se hacen viejas de repente sin arrugas en la frente pero con ganas de morir. Otras ocupan dos camas vacías. Las más atrevidas gritan. Las románticas en cambio susurran. Otras no dicen nada, sólo tararean. Y ésta, como tantas más consiguen que se me haga un nudo en la garganta...
...Y abrázame fuerte, que no pueda respirar Tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo nunca más...
Hace dos días me reencontré de nuevo con ella. La conocí hace casi diez años cuando yo empezaba a despertar en la vida y estaba llena de inquietudes. Recuerdo que me invadía un espíritu reivindicativo que alguna que otra vez me acarreó serios quebraderos de cabeza, disgustos y malos momentos, pero como no podía ser de otra forma tuve que aceptarlo y lidiar con ello ganara o perdiera.
Mientras todo eso pasaba, de repente ella trajo la luz y conseguí hacer de la suya mi filosofía. Me dijo: “Contra el poder, en cualquier forma que se dé contra la fuerza y mal uso de la fe desde el poder”
Aquella frase se me grabó a fuego, y me erigí en la Juana de Arco del momento. Estaba decidida a luchar contra la opresión, el pie en el cuello y las manos atadas que el poder de lo divino representado en la tierra, o mejor dicho en un pueblo de 800 habitantes, ejercía sobre mí y sobre un grupo de personas que lo único que quería era cantar.
Me decían “los malos siempre ganan” y yo hacía oídos sordos.
Pero ganaron. Ganaron a la corta, porque ahora, a día de hoy, muchos años después, están solos y amargados.
Lo que me dijo antes de ayer vino a ser lo mismo, pero me tranquiliza saber el final de la historia. Lo único que de verdad me dio miedo fue pensar en la fuerza que pueden llegar a tener las verdades dobladas.
contra el poder que nos enseña sólo aquella mitad contra el poder de las verdades dobladas contra el poder de quien conoce pero sangra de más contra el poder de las canciones guardadas contra el poder que nunca abraza a los que pueden pensar contra el poder que nos vigila los pasos contra el poder que siempre miente en nombre de la verdad contra el poder que nos convierte en extraños contra el poder que debilita y nada da que sólo quita y deshace lo que está contra el poder… contra el poder en cualquier forma que sé de contra la fuerza y mal uso de la fe desde el poder… contra el poder que abre una zanja entre el amor y el placer emparentando el bienestar y la herida contra el poder que no distingue entre morir y crecer contra el poder que compra y vende la vida contra el poder que hace del padre ostentador del poder contra el poder que nos obliga a engañarnos contra el poder que hace a los hijos reinventar el poder contra el poder de los que piensan ganando contra el poder… contra el poder que no descansa y se detiene a beber junto a las fuentes del sabor y el deseo contra el poder que nos bendice en el hogar del poder contra el poder del la ignorancia y los juegos contra el poder…