Era domingo ya, pero no domingo a las 9, no. Era domingo a las once y media de la mañana.
Mientras abría la ventanilla y dejaba que el viento me despejara no hacía más que pensar que lo que empezó el viernes estaba a punto de concluir y todo había transcurrido en menos de un abrir y cerrar de ojos.
Rumbo al pueblito costero.
Y llegamos.
Encontramos aparcamiento tras dar 9 vueltas (contabilizadas) al parking de la localidad.
Dejamos la ropa de abrigo en el coche y a caminar por el paseo con el sol de cara y la brisa alegrándonos aun más el día.
"Si alguien en el mundo es incapaz de valorar esta maravilla, entonces es que no sabe ni quiere disfrutar de la vida"
El mar, gente paseando, niños en patinete, globos, árboles de verde brillante, una directora de urgencias, chicles, corrillos en las calles, luz, fiesta, risas, charlas animadas en idiomas diferentes, restaurantes típicos, muñequitos de blanco con pañuelo rojo,alegría, vida...
Y de ahí al aeropuerto, despedida rápida y vuelo tranquilo a casa con todo flotando en mi mente.
Gracias Polita por un fin de semana tan... inolvidable.