Querido Zaguán:
Hacía tanto, pero que taaaaanto tiempo que no te escribía por iniciativa propia que hoy me he levantado dando un salto mortal me siento infinitamente feliz.
He estado muy ocupada asentándome en nuevos horizontes (tanto físicos como personales). Muy ocupada organizando mis metas. Muy ocupada mudándome (por sexta vez en seis años). Muy ocupada tratando que los señores de euskaltel nos dieran acceso a ti en casa. Muy ocupada sonriendo. Muy ocupada andando por la nieve (hoy también tendré que hacerlo). Muy ocupada haciéndome a esta nueva rutina. Muy ocupada viendo el mundo desde mis ojos llenos de felicidad. Muy ocupada aquí y allá (literalmente).
Podríamos decir pues, que fundamentalmente y aunque con muchos momentos de asueto y relax, he estado en mil cosas en las que tu no estabas incluido.
A veces he pensado en cerrarte definitivamente, pero eres tan fiel (tan reflejo de lo que soy) que sería como cerrarme la puerta en las narices a mi misma... demasiado absurdo.
Hoy, sin embargo, te he visto como antes. Como una mirada a mi yo interior (que diría Paco, Paco, Paco que mi Paco, Paco Paco, Paaa) que nunca viene mal echarse.
Eres para mi como una disciplina bien impuesta. Un caer en la mejor de las monotonías porque haces que siga conociéndome tal cual soy, que siga riéndome de mi y que relativice todo dándole importancia a pocas cosas, salvo a los sentimientos.
Al final resulta que eso es lo que soy, no más que sentimientos. Algunos mejores y otros peores. (lo sé Veri, ha sido un frase en plan adolfo total).
En resumen, solo quería decir:
HE VUELTO
¡¡¡ole!!!